Reflejado en una llama
Respiro profundamente, el aroma me ahoga. La sombra de todo y nada aparece y desaparece mientras el fuego baila sobre la mesa.
Los sentimientos de los dos se notan pesados, perdidos en una tormenta de nuevas emociones. Sensaciones que asustan y se dejan asustar.
Agradezco el brillo de tus ojos en cada palabra que no digo. Y cada palabra que no sale de mi boca nunca lo hará, permanecerá en mi y para mí por siempre.
Demasiado nuevo para ser bonito. Demasiado anticuado para imponer otras reglas. El dolor con el que aprendo a convivir es el que debo agradecer. Pues así sé que sigo vivo.
El fuego deja de bailar sobre la mesa, se va de nuestro lado y se lleva las sombras con él. Tu rostro se perfila delicadamente, por la tenue luz que llega hasta nosotros, como esculpido en la propia luz de la noche.
Por un momento me parece verte temblar. Por un momento tus ojos me parecen suplicar.
La habitación ya nos echa.
Otra vez estamos solos, otra vez nos tenemos el uno al otro sin querer saberlo.
Quiero hablar, parecer una persona fuerte en la cual poder llorar. Quiero levantarme y sentirme adorado por ti. Leerte el pensamiento y poder acariciar allí donde tu corazón lo pida.
Cuando por fin rompes el silencio despierto y recuerdo que soy un cobarde. Hablas de cosas sin importancia, yo asiento y me vuelvo a enamorar de ti.
Vuelvo a encender la vela. El fuego baila de nuevo como si nunca hubiese dejado de hacerlo, con él han vuelto las inquietas sombras a nuestro alrededor.
Te fijas demasiado en mi rostro. Me miras como si de nuevo me quisieras. Acerco mis dedos a mis ojos, y comprendo que mis lagrimas no han podido soportar tu presencia ahí fuera y han salido a tu encuentro.
Apago la vela sin dejar de mirarte, mientras tu no dejas de mirar mis lagrimas.
(Del año 99)
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Autor: Mert
Fecha: 06/01/2009 16:32.



